Procuradores en caso de divorcio, ¿qué hacen?

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    Hablamos de procurador para referirnos a un licenciado en Derecho encargado de velar por los derechos de sus clientes ante juzgados y tribunales. En el caso de un divorcio, un procurador es del todo necesario si se desea equiparar derechos entre las dos partes. Suele ser habitual recurrir a él sobre todo en casos de custodia de hijos y vivienda o bienes compartidos.

    Funciones de un procurador de divorcio

    Entre sus principales funciones, se encuentran las de recibir y enviar notificaciones o tramitar todo tipo de diligencias, lo que agiliza el proceso judicial y evita al cliente la carga burocrática. También cabe señalar que un procurador se diferencia de un abogado en que este último defiende, efectivamente, los intereses del cliente, pero el procurador es quien representa al cliente ante el tribunal.

    Asimismo, un procurador se encarga de subsanar defectos procesales; presentar los escritos (elaborados por los abogados) ante el juzgado, sirviendo de puente entre el abogado del cliente y el juez, y realizar notificaciones, citaciones o emplazamientos. Esto es, abogado y procurador trabajan ambos de forma conjunta, de cara a satisfacer los derechos del cliente.

    Minuta del procurador

    Siempre se toma como base la cantidad demandada por cada parte. En función de esta, tiene derecho a una minuta o arancel. Por tanto, varía por conceptos tales como la pensión de alimentos, la compensación, la liquidación del régimen matrimonial, la disolución de gananciales… En cualquier caso, la minuta no puede exceder del 12 % sobre tales cantidades.

    También depende de si el divorcio se realiza de mutuo acuerdo o con el consentimiento del cónyuge de uno contencioso-administrativo o un proceso de nulidad. Por regla general, podría decirse que un procurador puede costar entre los 200 y los 400 euros, mientras que el abogado puede salir entre 700 y 1800 (en los casos más complejos). Si es de mutuo acuerdo, ambos cónyuges pueden compartir abogados y procuradores.

    Procurador como acompañante

    Pero una de las funciones del procurador no recogida oficialmente es la de acompañante o confesor. En un proceso tan complicado a nivel psicológico, este profesional debe ofrecer también empatía y apoyo al cliente, rebajando la carga emocional. Ha de implicarse, por tanto, en el entorno familiar de la pareja y mediar en relaciones a veces muy difíciles.

    En suma, la colaboración de un procurador en un divorcio resulta fundamental. Si no fuese por su labor, el correcto funcionamiento del procedimiento no se produciría. Ni tampoco se podría llevar a cabo el total cumplimiento de las garantías solicitadas por el abogado para sus clientes. En su persona se plasma la acción de la tutela judicial.

    En consecuencia, en todo proceso de divorcio recomendamos encarecidamente la contratación de un procurador, además de un abogado, aunque se tienda últimamente a prescindir de él, pues se considera que un abogado puede hacerlo todo por sí solo.

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